La Crisis Silenciosa de la Tierra: Mongolia Lidera la Urgente Búsqueda de Soluciones Globales Contra la Desertificación y Sequía en la COP17

La desertificación y sequía, una crisis global que Mongolia busca mitigar en la COP17, exige acción urgente para proteger la tierra.
- •Mongolia alberga la COP17 de la ONU para abordar la desertificación, degradación de la tierra y sequía, fenómenos que afectan a 3.200 millones de personas.
- •La cumbre exige un cambio de enfoque hacia acciones concretas, aumentando la inversión en restauración, involucrando a comunidades locales y utilizando la innovación.
- •Los acuerdos buscan un marco estratégico post-2030 y un marco jurídico vinculante sobre la sequía, vitales para la seguridad alimentaria y económica global, con implicaciones indirectas para la República Dominicana.
La desertificación y la sequía representan una crisis silenciosa que exige soluciones globales urgentes. En este contexto, la comunidad internacional ha intensificado sus esfuerzos para revertir la degradación de la tierra, con naciones como Mongolia elevando su voz ante la alarmante situación de su territorio, donde el 80% sufre algún grado de deterioro. Desde Ulaanbaatar, la capital mongola, figuras como el primer ministro Luvsannamsrain Oyun-Erdene han impulsado un firme llamado a la acción, instando a trascender las declaraciones para forjar respuestas concretas que salvaguarden la estabilidad ecológica y socioeconómica del planeta.
Este imperativo por la acción se fundamenta en la cruda realidad de que la degradación del suelo no es un problema aislado, sino una amenaza sistémica con impactos directos en la producción global de alimentos, la disponibilidad de agua y la resiliencia económica. El secretario ejecutivo de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), Ibrahim Thiaw, ha enfatizado consistentemente que las soluciones existen, pero el desafío radica en su implementación a escala. Por ello, la movilización de la ciencia y la innovación, el aumento drástico de la inversión en proyectos de restauración y la centralidad de pastores y comunidades locales son pilares esenciales en esta lucha global, reconociéndolos como custodios fundamentales de los ecosistemas.
La concreción de estas soluciones es el foco de intensos trabajos en diversos foros y cumbres internacionales, donde líderes gubernamentales, empresariales y de la sociedad civil delinean estrategias. Los esfuerzos se centran en adoptar nuevos marcos estratégicos post-2030, movilizar inversión privada para la restauración de tierras y avanzar en medidas clave sobre migración, género y tenencia de la tierra. Un objetivo particularmente urgente es la consecución de un marco jurídico vinculante sobre la sequía, una pieza fundamental en la arquitectura legal global contra la desertificación que ha sido objeto de debate en cumbres recientes como la de Riad.
Aunque geográficamente distante, la problemática abordada globalmente tiene una resonancia palpable para la República Dominicana y su vasta diáspora. Como nación insular con una economía fuertemente dependiente de la agricultura y el turismo, la República Dominicana no es ajena a los impactos del cambio climático, que exacerba los riesgos de sequía y degradación de suelos, especialmente en zonas agrícolas y ecosistemas costeros vulnerables. La escasez de agua, la pérdida de fertilidad del suelo y el aumento de la salinización pueden comprometer la producción local de alimentos, elevando los precios y afectando la seguridad alimentaria, lo que impacta directamente la calidad de vida en la isla. Para la diáspora dominicana, dispersa por el mundo, la estabilidad ambiental de su tierra natal es una preocupación fundamental, ya que las remesas y las inversiones se ven afectadas por la resiliencia económica del país frente a estas crisis. Estos diálogos internacionales, por tanto, son vitales para la concienciación y la acción global que indirectamente salvaguarda los intereses y el futuro de naciones como la nuestra.
