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Leche materna: cada madre es diferente e influye en el crecimiento del bebéSalud

Leche materna: cada madre es diferente e influye en el crecimiento del bebé

shutterstock Veronica Trevo/Shutterstock La primera vez que tuve a Nil en brazos sentí lo mismo que sienten millones de madres: una mezcla indescriptible de amor, responsabilidad y vulnerabilidad. A pesar de llevar años investigando la leche materna, en aquel momento no me hacía preguntas científicas. Me planteaba si sería capaz, si produciría suficiente leche y si todo iría bien. Sabía que la lactancia era uno de los mejores regalos que podía ofrecerle para empezar la vida, pero eso no evitaba las inseguridades que acompañan a tantas madres durante esos primeros días. Con el tiempo comprendí que aquella preocupación tan personal estaba estrechamente relacionada con una de las preguntas que también intentamos responder desde la ciencia: ¿qué transmite realmente una madre a su hijo a través de la leche? ¿Solo nutrientes o también información capaz de influir en su desarrollo y en su salud futura? Sabía que la leche materna era mucho más que un alimento. Además de aportar la energía y los nutrientes necesarios para crecer, contiene compuestos bioactivos que participan en el desarrollo del sistema inmunitario, del metabolismo y de otros procesos esenciales durante los primeros meses de vida. De hecho, los primeros meses constituyen un periodo crítico para la salud del bebé en el futuro. Diversos estudios han demostrado que las trayectorias de crecimiento durante esta etapa pueden influir en el riesgo de desarrollar sobrepeso y obesidad más adelante. Por eso, la lactancia representa una ventana de oportunidad especialmente importante para la salud a lo largo de la vida. ¿Misma composición de la leche en todas las madres? Si cada madre es diferente, ¿por qué deberíamos esperar que su leche fuera exactamente igual? La investigación científica sugiere que no lo es. Factores como el peso corporal, el estado metabólico o los hábitos alimentarios pueden modificar algunos de los componentes presentes en la leche materna. Es decir, la leche no es una receta inmutable, sino un fluido vivo y dinámico que refleja, al menos en parte, el estilo de vida y las características de la madre. Para comprender mejor este fenómeno, desde el grupo de Nutrigenómica, Biomarcadores y Evaluación de Riesgos (NuBE) de la Universidad de las Islas Baleares, estudiamos la composición de la leche de 52 mujeres durante el primer mes de lactancia. Mediante técnicas de metabolómica, una herramienta que permite identificar cientos de compuestos presentes en una muestra biológica, analizamos 160 metabolitos diferentes. El objetivo era sencillo de formular, aunque complejo de responder: descubrir si determinadas características maternas dejan una huella detectable en la leche. El sobrepeso u obesidad de la madre se refleja en la leche Una de las primeras preguntas que nos planteamos fue si el sobrepeso o la obesidad maternos podían influir en esta composición. La respuesta fue que sí, al menos en algunos componentes. Por ejemplo, en las madres con sobrepeso u obesidad detectamos niveles más elevados de lactosa y niveles más bajos de ácido orótico en comparación con las madres con normopeso, además de diferencias en otros componentes. La lactosa es bien conocida: es el principal azúcar de la leche materna y una fuente esencial de energía para el bebé. El ácido orótico, en cambio, es una molécula mucho menos familiar fuera del ámbito científico. Aun así, participa en procesos metabólicos importantes y podría tener funciones relacionadas con el desarrollo y la regulación del metabolismo. Todavía no sabemos si estas diferencias tienen consecuencias directas sobre la salud infantil. Pero sí indican que el estado materno puede influir en algunos de los mensajes biológicos que transporta la leche. ¿Puede la dieta de la madre dejar huella en el futuro del bebé? Lo que come la madre no solo contribuye a su bienestar. También parece dejar huella en la composición de la leche. Cuando analizamos el grado de adhesión a la dieta mediterránea de las participantes en el estudio, observamos diferencias significativas en varios metabolitos. Las mujeres que seguían más de cerca este patrón alimentario presentaban niveles más altos de ácido cítrico y de otros compuestos relacionados con el metabolismo energético. Este resultado encaja con una idea cada vez más aceptada: la dieta mediterránea no solo protege la salud cardiovascular y metabólica de quien la sigue, sino que también podría contribuir a una composición más favorable de la leche materna. Dicho de otro modo, una alimentación saludable podría beneficiar simultáneamente a dos generaciones. ¿Puede influir en el crecimiento? Esta era probablemente la pregunta más relevante de todas. Al fin y al cabo, lo que realmente nos interesa es saber si estas diferencias tienen consecuencias reales para los niños. Si la leche cambia en función de la madre, ¿estos cambios tienen alguna repercusión sobre el bebé? Para intentar responderla, estudiamos la evolución del peso de los bebés durante el primer mes de vida. Observamos que algunos metabolitos de la leche se asociaban a patrones de crecimiento diferentes. Una vez más, el ácido orótico surgió como uno de los protagonistas: los bebés que recibían leche con niveles más bajos de ácido orótico presentaban un crecimiento más acelerado durante el primer mes. También encontramos una observación especialmente interesante desde un punto de vista práctico. Las madres de los bebés que mantenían una trayectoria de crecimiento más estable consumían más fruta. Además, una mayor ingesta de pescado se relacionaba con una menor probabilidad de desviaciones importantes en el patrón de crecimiento. Naturalmente, esto no significa que comer una pieza de fruta o una ración de pescado determine el peso de un bebé. El crecimiento infantil es extraordinariamente complejo y depende de factores genéticos, ambientales, sociales y relacionados con el embarazo y el parto. Pero estas asociaciones nos ofrecen pistas valiosas sobre posibles mecanismos biológicos que hasta ahora desconocíamos. Una conversación biológica sin interpretar Nuestros resultados sugieren que características como el sobrepeso materno o la adhesión a la dieta mediterránea pueden modificar algunos de los componentes de la leche durante el primer mes de vida. También indican que determinados metabolitos podrían estar relacionados con las primeras trayectorias de crecimiento de los bebés. Todavía necesitamos más estudios, especialmente seguimientos a más largo plazo, para confirmar estas observaciones y comprender mejor los mecanismos que hay detrás. La ciencia aún está lejos de descifrar todos los mensajes que contiene la leche materna. Pero cada nuevo descubrimiento refuerza una idea fascinante: la lactancia no es solo una forma de alimentar a un bebé. Es también una conversación. Y apenas estamos empezando a entender cuáles son los mensajes. Esta investigación también nos recuerda otra cosa importante: cuidar la salud de la madre durante la lactancia es, en cierto modo, una manera de cuidar la salud de su hijo o hija. Mantener unos hábitos saludables, seguir una alimentación equilibrada y rica en alimentos propios de la dieta mediterránea no solo beneficia el bienestar materno, sino que podría contribuir a configurar un entorno más favorable para el desarrollo del bebé. Catalina Amadora Pomar Oliver ha participado y participa como investigadora en proyectos de investigación relacionados con la nutrición, la obesidad y la salud, financiados por el Gobierno de España y por la Unión Europea.

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Riesgos sanitarios ante la crisis humanitaria en CeutaSalud

Riesgos sanitarios ante la crisis humanitaria en Ceuta

Inmigrantes en Ceuta, agosto de 2026. RTVE El pasado 30 de julio llegaron a Ceuta cerca de 80 000 personas migrantes. Aunque la mayoría volvió a cruzar la frontera en sentido opuesto, muchas permanecen en la ciudad en condiciones de hacinamiento, infravivienda o sinhogarismo, sin acceso a alimentos seguros, agua y saneamiento. Esta situación está generando alarma social y preocupación por posibles riesgos sanitarios, tanto para las personas migrantes como para la población ceutí. Crisis humanitaria, no sanitaria Ceuta afronta una crisis humanitaria. El incremento de llegadas ha superado la capacidad de acogida, comprometiendo el acceso a servicios básicos. Se trata de una situación compleja que exige reforzar los servicios del Estado en coordinación con las distintas administraciones, la ciudadanía y las ONG, garantizando los derechos de todas las personas. El incremento de la demanda asistencial, en un momento de vacaciones estivales, sin duda ha puesto a prueba al sistema sanitario. El Ministerio de Sanidad indicó que había camas disponibles y que no se retrasaron las citas programadas. Además, se ha reforzado el personal para la asistencia a los migrantes, que se hace en puntos desplazados y en un circuito diferenciado. Aun así, es preciso mantener y ampliar las capacidades de prevención, de diagnóstico precoz y de atención sanitaria. Sarna y otras enfermedades que generan preocupación Los determinantes sociales y ambientales desfavorables incrementan el riesgo de enfermedades de la piel (como la sarna), de infecciones gastrointestinales o respiratorias. Estas situaciones no representan un problema de salud de carácter infeccioso o parasitario para la población general de Ceuta, sino un problema de salud para quienes las padecen. En el caso de la sarna, se contagia a través del contacto directo y prolongado piel con piel o contacto con ropa contaminada. La transmisión se evita con la higiene diaria, el tratamiento y limpieza de la ropa. En relación con la tuberculosis, solo la forma respiratoria es contagiosa, requiriendo un contacto estrecho en espacios cerrados. Además, las personas dejan de ser contagiosas a las pocas semanas de iniciar el tratamiento. Las infecciones gastrointestinales detectadas están, al parecer, originadas por la bacteria Escherichia coli, frecuente en España. Su causa tiene que ver con la falta de acceso a higiene, alimentos y bebidas en condiciones sanitarias y a la dificultad de cocinar y preservar los alimentos y bebidas adecuadamente. ¿Al punto o hecha? El peligro de consumir hamburguesas poco cocinadas Vacunas sí, pero no confinamiento El enfoque preventivo y el diagnóstico precoz son fundamentales, garantizando el acceso a recursos básicos y al sistema sanitario para la atención a problemas de salud física y mental. También es esencial el acceso a la vacunación, especialmente triple vírica, poliomielitis y tétanos/difteria, según las recomendaciones y estrategia común de vacunación para personas migrantes del Ministerio de Sanidad español. El confinamiento de una ciudad carece de justificación desde el punto de vista técnico. Se trata de enfermedades que ya existen en España, con mecanismos de transmisión, tratamiento y modos de prevención conocidos. Una buena gestión de esta crisis humanitaria prevendrá la aparición de enfermedades infecciosas en los migrantes. Grupos en situación de mayor vulnerabilidad En este contexto, conviene priorizar la atención a menores y a mujeres embarazadas que, debido a las duras condiciones en las que se ha realizado la trayectoria migratoria, pueden presentar interrupciones en sus calendarios de vacunación o en el seguimiento prenatal. Además, las mujeres y las niñas migrantes tienen mayor riesgo de ser víctimas de violencia sexual o situación de trata y mayores dificultades para detectar y atender a esas situaciones. Ceuta: ¿qué derechos tienen los menores de edad extranjeros que llegaron? Los peligros de la alarma social y de la xenofobia Es comprensible la inquietud ciudadana ante una situación que interrumpe la vida cotidiana. Sin embargo, no es admisible usar este tipo de situaciones para justificar discursos xenófobos, tales como asociar la migración con la propagación de enfermedades. Desde la Sociedad Española de Epidemiología condenamos firmemente este tipo de discursos. La estigmatización y xenofobia, además de vulnerar los derechos de las personas, desincentivan el contacto con los servicios sanitarios, retrasan el diagnóstico y dificultan la aplicación de medidas de prevención. Necesitamos un sistema resiliente Mejorar las condiciones de habitabilidad, agua potable, saneamiento y alimentación es el primer paso, además del acceso a servicios del sistema sanitario preventivos, de diagnóstico y de tratamiento. Para mejorar la preparación ante una crisis, es imprescindible invertir en un sistema de salud pública resiliente, con personal estable, formado y con buenas condiciones laborales. Los servicios de epidemiología y salud pública desempeñan un papel fundamental para monitorizar riesgos, identificar brotes e intervenir a tiempo. La Agencia Estatal de Salud Pública, todavía en proceso de despliegue operativo, hubiera sido de gran ayuda para afrontar esta crisis. Artículo escrito con el asesoramiento de la Sociedad Española de Epidemiología. Maria João Forjaz recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación. Es presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología y punto focal de España para la estrategia Behavior and Cultural Insights de la OMS. Federico Eduardo Arribas Monzón es miembro de la Sociedad Española de Epidemiologia, formando parte del grupo de formacion y empleabilidad y participo en el grupo asesor de comunicacion de la citada Sociedad cientifica. Isabel Aguilar Palacio recibe fondos de investigación del Instituto de Salud Carlos III, del Gobierno de Aragón y de consultoría de la Comisión Europea. Pertenece a la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología. María Isabel Portillo es Investigadora Senior del Instituto de Investigación Sanitaria BioBilzkaia y Secretaria de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiologia Óscar Zurriaga recibe fondos, obtenidos en concurrencia competitiva, del Instituto de Salud Carlos III, para la realización de proyectos de investigación. Ha sido presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). Pello Latasa pertenece a la Junta Directiva de la Sociedad Española de Epidemiología. Pere Godoy es catedrático de Medicina Preventiva y Salud Publica en la Universidad de Lleida e investigador principal de proyectos financiados por el Instituto de Salud Carlos III. Es miembro del Consell Assessor en Vacunacions de l'Agència de Salut Pública de Catalunya. Es miembreo del grupo de Vigilancia de la Salud Pública y de Vacunas e Inmunización de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE) y miembro de la Comisión Asesora de Comunicación de la SEE. Ha sido presidente de la SEE. Susana Monge Corella recibe fondos de investigación competitivos del Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC) y del Instituto de Salud Carlos III a través de la acción estratégica intramural. Ángela Domínguez García no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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Volver a la naturaleza: qué sabemos sobre los efectos de la medicina verdeSalud

Volver a la naturaleza: qué sabemos sobre los efectos de la medicina verde

Las pantallas han colonizado nuestra rutina y, con ellas, el sedentarismo, el estrés y la desconexión del entorno natural. A pesar de los enormes avances en salud, las enfermedades crónicas siguen afectando a una proporción significativa de la población mundial. Aunque disponemos de un amplio arsenal de fármacos y tratamientos, en las consultas médicas la misma recomendación se repite: “Hay que empezar cambiando el estilo de vida”. Pero ¿cómo es posible lograrlo cuando el propio entorno lo dificulta? Una de las respuestas es sencilla: volver al verde, a la tierra, a la naturaleza. No como sustituto de nada, sino como punto de partida para cuidar nuestro bienestar. En este contexto cobra sentido profundizar en prácticas pertenecientes a la llamada “medicina verde”. Esta consiste en el uso de entornos naturales de forma prescriptiva y basada en evidencia científica para mejorar y mantener la salud. No se trata de una moda: el periodista y escritor Richard Louv acuñó el concepto de “trastorno por déficit de naturaleza” en 2005 para describir cómo la vida exclusivamente urbana se asocia a un aumento de patologías crónicas y a una menor capacidad de recuperación mental. ¿Por qué nos hace bien la naturaleza? La ciencia lleva décadas intentando responder esta pregunta. La hipótesis de la biofilia del entomólogo y biólogo estadounidense Edward O. Wilson plantea que los seres humanos tenemos una tendencia biológica innata a buscar vínculos con el mundo natural. A esta se suma la teoría de la restauración de la atención: la vida urbana nos exige una atención constante y dirigida que agota nuestros recursos cognitivos, mientras que la naturaleza activa lo que los investigadores llaman fascinación suave, ese estado en el que la mente descansa sin esfuerzo, simplemente observando. Los beneficios de pasear por el bosque Los “baños de bosque” (del japonés, shinrin-yoku), consisten en una inmersión sensorial profunda en el entorno forestal. Su práctica implica una desaceleración, y por ello no debe confundirse con el senderismo u otras actividades físicas de intensidad. Mientras que caminar a buen ritmo activa el sistema nervioso simpático por el esfuerzo físico, la lentitud del shinrin-yoku busca precisamente lo contrario: activar el sistema parasimpático, encargado de la restauración y el equilibrio del organismo. No se trata de una estancia pasiva: una sesión estándar puede durar entre dos y tres horas sin superar los tres kilómetros de recorrido. Es justo lo necesario para que el cuerpo se relaje sin que la fatiga física interrumpa el proceso. Los baños de bosque encuentran parte de su explicación en mecanismos psicológicos, pero los beneficios reportados son amplios. Estos van desde la mejora de nuestras defensas hasta la reducción del estrés y la ansiedad. La efectividad depende en buena medida del entorno: los resultados son más evidentes en zonas de alta biodiversidad, donde la inhalación de fitoncidas –compuestos antimicrobianos emitidos por las plantas– y el silencio potencian el efecto. El uso de dispositivos electrónicos, la música o un ritmo de marcha competitivo pueden interferir con el proceso restaurador y restarle beneficio. La primavera y el verano son las estaciones más favorables para estos paseos, ya que la actividad biológica de los árboles maximiza la emisión de fitoncidas, y las temperaturas permiten el contacto prolongado con la naturaleza. Sin embargo, puede practicarse durante todo el año adaptando la duración y el equipamiento. La naturaleza no entiende de edades Algunas de las virtudes más destacables de estas prácticas son que no requieren equipamiento, formación especializada ni una condición física determinada. Y, además, no entienden de edades. En niños y adolescentes la ciencia ha demostrado que una mayor exposición a espacios verdes se asocia con menos síntomas de ansiedad, depresión e hiperactividad. Los beneficios parecen ser especialmente relevantes en edades tempranas y en niños con sintomatología previa más elevada. Las personas mayores se benefician porque estas prácticas priorizan la inmersión sensorial –escuchar, observar, respirar– por encima de cualquier exigencia física. Incluso en personas con problemas cardíacos graves, inmersiones forestales de apenas cuatro días han mostrado reducciones clínicamente relevantes en marcadores de estrés e inflamación miocárdica. Además, como herramienta útil en el ámbito socioeconómico, se ha demostrado que incorporar pausas en espacios verdes durante la jornada laboral reduce el burnout y mejora el rendimiento cognitivo. Un parque, un jardín, incluso una franja de hierba: la naturaleza no exige grandes gestos para devolver algo a cambio. Durante siglos la naturaleza formó parte de nuestra salud sin que nadie lo llamara terapia. La ciencia nos recuerda que nunca debimos alejarnos de ella. A veces, lo que puede parecer sencillo, como quitarse los zapatos y pisar la tierra, es también necesario. Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

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