¿Están las universidades chinas mejor preparadas para la inteligencia artificial?
- •Entrada sur de la Universidad de Comunicación de China, en Pekín. Liblib/Wikimedia Commons, CC BY-SA Mientras en Europa y EE. UU. debatimos sobre cómo adaptar tareas, enseñanzas, métodos de evaluación e incluso la composición de los planes de estudio...
Mientras en Europa y EE. UU. debatimos sobre cómo adaptar tareas, enseñanzas, métodos de evaluación e incluso la composición de los planes de estudio al aterrizaje disruptor de la inteligencia artificial en la universidad, China, un país con más de 1 400 millones de habitantes y unas 1 365 universidades autorizadas a impartir grados, ha tomado medidas drásticas e inmediatas: entre 2021 y 2025 (ya antes de la irrupción de los chatbots de IA), las autoridades chinas pusieron en marcha 10 200 nuevos programas de grado y cancelaron o suspendieron la admisión en otros 12 200.
Pese a algunos titulares erróneos (que apuntaban a la creación de 22 400 carreras diferentes o a la eliminación del 30 % de los programas universitarios), lo cierto es que se trata de un ajuste del 30 % del sistema universitario, pues de un total de 62 800 programas (grados contabilizados de manera independiente por cada universidad que los imparte), 22 400 fueron o creados o eliminados (o dejaron de admitir alumnos).
Un ejemplo concreto: en agosto de 2025, la Universidad de Comunicación de China hizo pública la lista de las siete titulaciones que proponía suprimir. Es una universidad pública de Pekín especializada en periodismo, cine y medios. A diferencia de España, donde estos estudios suelen formar parte de una universidad generalista, el centro del país asiático está dedicado casi por entero a esos campos. Se suprimieron los programas de Comercio Internacional, Sociología, Estadística Aplicada, Contabilidad, Educación Político-Ideológica, Información Optoelectrónica y Automatización.
Aunque Traducción y Fotografía, otros dos programas existentes, no figuraban en aquella lista, sí formaron parte de una reorganización más amplia: el primero dejó de admitir alumnos y el segundo se integró en Rodaje y Producción Audiovisual, pues según las autoridades ya no se sostenía como una carrera completa.
El sistema universitario chino
El Ministerio de Educación chino cuenta cada grado en cada universidad que lo imparte. Si una carrera se ofrece en 50 universidades, suma 50 programas. Si una deja de admitir alumnos, registra una baja aunque las otras 49 mantengan la titulación.
Por ejemplo, Traducción dejó de admitir alumnos en la Universidad de Comunicación de China, pero sigue impartiéndose en 314 universidades según el último recuento disponible, de abril de 2025. Lo mismo ocurre con los programas de Economía, Sociología o Ingeniería suprimidos en ese centro: continúan disponibles en muchos otros.
Cancelar un grado y suspender la admisión tampoco son lo mismo. En el primer caso, el programa se elimina. En el segundo, deja de aceptar nuevos alumnos, pero continúa mientras terminan quienes ya están matriculados.
Las cifras del quinquenio agrupan ambas decisiones porque el ministerio no publicó el desglose completo. La revisión de 2024 sí permite separarlas:
Una reforma anterior a ChatGPT
La reforma empezó antes de la inteligencia artificial generativa, aunque la expansión de estas herramientas ha acelerado el proceso y lo ha hecho más visible.
En 2023, ya con ChatGPT en marcha, pero no como respuesta a ello, cinco ministerios fijaron el objetivo de reajustar cerca del 20 % de los programas antes de 2025 para adaptarlos a las nuevas tecnologías y a las necesidades regionales. Lo que hasta entonces eran ajustes puntuales pasó a ser un objetivo cuantificado que las universidades debían cumplir.
Un sistema muy dinámico
En China no son inusuales este tipo de medidas. El catálogo nacional de titulaciones se ha revisado en varias ocasiones en el pasado: en 1987, 1993, 1998 y 2012, es decir, aproximadamente una vez por década. Pero se ha acelerado desde 2020: a partir de ese año, se está actualizando todos los años.
Esta permanente revisión quedó establecida en el plan 2025-2027, aprobado por el Grupo Dirigente Central de Trabajo Educativo, un órgano del Partido situado por encima del Ministerio de Educación. Este órgano trabaja con una base de datos nacional que permite comparar los titulados disponibles con las necesidades de cada sector, señala programas con poca matrícula y acelera la autorización para la creación de nuevos grados estratégicos.
Las razones de los cambios
Tras estos cambios en los planes de estudios las autoridades esgrimen tres razones. La primera es laboral. China prevé 12,7 millones de titulados en 2026. En abril de ese año, el desempleo entre los jóvenes de 16 a 24 años que ya no estudiaban era del 16,3 %. El empleo es un factor fundamental en la revisión de la oferta universitaria, especialmente porque un estudio estimó que casi una cuarta parte de los titulados universitarios recientes trabajaba fuera de su especialidad.
La segunda es demográfica. En 2025 nacieron 7,92 millones de niños y la población disminuyó en 3,39 millones. El número de graduados actuales es el más elevado de la historia del país, pero las promociones posteriores serán mucho menores. Y con menos estudiantes, mantener programas sin demanda laboral resulta más difícil de justificar.
La tercera es estratégica. En China, la universidad se vincula a la política industrial del Estado. Se trata de un modelo educativo que combina una fuerte dirección estatal y una autonomía universitaria limitada. El Estado no financia todo el sistema, ya que una cuarta parte de las universidades son privadas y las públicas se sostienen también con matrículas y contratos de investigación, pero sí controla la autorización de nuevos grados, y esa es la palanca que utiliza para orientar qué titulaciones deben crecer.
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Vía verde para crear titulaciones
Así, el Ministerio de Educación abrió una “vía verde” para autorizar carreras prioritarias sin esperar al calendario ordinario, gracias a la cual se estrenó en 2025 en seis universidades la titulación de Tecnología e Ingeniería de Baja Altitud, un sector que incluye drones, aeronaves ligeras y movilidad aérea.
Otras nueve universidades chinas abrieron en 2026 un grado en Inteligencia Incorporada: sistemas de IA integrados en robots y otras máquinas capaces de percibir su entorno y actuar. En 2024, Inteligencia Artificial fue el grado más implantado y llegó a 89 universidades.
¿Desaparecen las humanidades?
Curiosamente, y a pesar de lo que indicaron algunos medios cuando se anunciaron estos cambios, ninguna de las siete titulaciones suprimidas en aquella universidad pertenece a la rama de Artes y Humanidades, donde se enmarcan Filología, Literatura, Filosofía, Historia y Estudios Artísticos. Sí cayeron dos programas de Economía y Gestión, uno de Sociología, uno de Estadística, dos de Ingeniería y uno de Formación Ideológica. Entre ellos, Contabilidad, una de las carreras asociadas tradicionalmente al empleo seguro.
Los datos disponibles no muestran una sustitución general de las humanidades por la tecnología. El catálogo estatal incorporó en 2025 Estudios Regionales, Teatro Digital y Educación en Inteligencia Artificial. El plan también prevé reforzar las disciplinas básicas.
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¿Cambios profundos o nominales?
A menudo, los términos “inteligente” y “digital” se añaden a carreras existentes y modifican lo que se enseña. La Universidad de Comunicación de China abrió, por ejemplo, Arte de la Imagen Inteligente, donde rodaje y montaje conviven con programación y visión artificial.
En su plan figuran también estructuras de datos y aprendizaje automático: el oficio audiovisual permanece, pero el titulado sale sabiendo programar. Nombrar una carrera de este modo también implica decidir qué conocimientos se consideran útiles.
¿Funcionan estos cambios?
La capacidad de encontrar empleo de los titulados en grados de nueva creación como Inteligencia Artificial o Inteligencia Incorporada en 2026 no se puede conocer de momento: los primeros no se graduarán hasta 2028. Pero sí podemos valorar si el sistema chino es más ágil en sus reformas y por lo tanto responde de manera más rápida y más adecuadamente a las novedades tecnológicas.
En realidad, la rapidez para abrir titulaciones no es diferente en Europa. Sí lo es la capacidad de cerrarlas. Suprimir un grado con poca matrícula exige en el Viejo Continente acuerdos entre departamentos, universidades y agencias que rara vez prosperan, así que la oferta tiende a crecer y casi nunca a corregirse.
No obstante, no está claro que la demanda de empleo pueda preverse a cuatro años vista. Antes al contrario, se puede producir el “efecto telaraña”: responder a una escasez de trabajos actual puede producir en cuatro años, cuando los primeros egresados entran en el mercado laboral, una promoción excedente. Planificar haciendo pronósticos puede empeorar el desajuste con la demanda de empleo.
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¿Universidad o formación profesional?
Existen otras razones para observar esta agilidad con cautela. En primer lugar, el propio anuncio oficial de los cambios reconoce una limitación: crear una titulación no garantiza profesores preparados ni puestos de trabajo.
En segundo lugar, responder a un cambio real del mercado laboral tampoco debería llevarse al extremo de convertir la educación universitaria en una formación muy pegada al mercado con rápida caducidad: para esta formación más técnica existen los grados de formación profesional.
Finalmente, adaptarse no consiste en añadir “inteligente” al nombre de un grado, sino en decidir qué conocimientos deben durar y cuáles pueden cambiar en función de más factores que el de la demanda laboral en un momento concreto.
Lucía Espinosa-Campos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Lucía Espinosa-Campos, Investigadora predoctoral contratada FPU en lengua china, Universidad de Granada. Puedes consultar la publicación original aquí.
