De Ceuta a Washington: cómo la ultraderecha convierte la inmigración en una guerra cultural global
- •Cuando decenas de miles de personas cruzaban irregularmente hacia Ceuta el pasado 30 de julio, Santiago Abascal, líder del partido ultraderechista Vox, no dudaba en hablar ya de “invasión”. Apenas unas horas después, Donald Trump utilizó el mismo té...
Cuando decenas de miles de personas cruzaban irregularmente hacia Ceuta el pasado 30 de julio, Santiago Abascal, líder del partido ultraderechista Vox, no dudaba en hablar ya de “invasión”.
Apenas unas horas después, Donald Trump utilizó el mismo término y presentó lo ocurrido en la ciudad autónoma española como advertencia de lo que podría suceder en Estados Unidos si los demócratas recuperaban el poder.
En Francia, el europarlamentario del partido ultraderechista francés Rassemblement National (RN) Thierry Mariani afirmó que la polémica novela distópica y apocalíptica Le Camp des saints había dejado de ser ficción. Franck Allisio, diputado del mismo partido, preguntó si después de Ceuta sería el turno de Marsella, Niza o Toulon y añadió: “¿Cómo no pensar en Raspail?”.
La catástrofe asociada al declive de Occidente
Reconocido literato próximo a círculos de la ultraderecha de la época, Jean Raspail imaginó en Le Camp des saints, novela publicada en 1972, la llegada a la costa francesa de un millón de personas procedentes del subcontinente indio. No aparecen como individuos con trayectorias diferenciadas, sino como un cuerpo colectivo que avanza sobre Europa.
Frente a ellos, el autor presenta a políticos, medios de comunicación, Iglesia y organizaciones humanitarias como actores incapaces de reaccionar, mientras una parte de la sociedad occidental ha perdido la voluntad de defenderse. La obra presenta la inmigración como catástrofe asociada al declive de Occidente.
El libro adquirió pronto una dimensión política. Jean-Marie Le Pen contribuyó a incorporarla al repertorio de la extrema derecha francesa, y su hija, Marine, volvió a recurrir a ella durante la crisis de refugiados de 2015, invitando a los franceses a “leer o releer” el libro, al tiempo que hablaba de “sumersión migratoria”.
La referencia cruzó el Atlántico ese mismo año. Stephen Miller, quien se convertiría en uno de los arquitectos de la política migratoria de Donald Trump, recomendó The Camp of the Saints a Breitbart News. El entonces director del influyente medio digital de la derecha radical, Steve Bannon, recurrió también a Raspail para interpretar la llegada de migrantes a Europa.
Raspail dio forma literaria a la vieja idea de una Europa amenazada por poblaciones foráneas, que reaparecería con formulaciones diferentes. El escritor y novelista francés Renaud Camus popularizó a partir de 2011 la “teoría del gran reemplazo”, según la cual los europeos estarían siendo progresivamente sustituidos por inmigrantes.
La presentación es distinta, pero persisten elementos reconocibles como una comunidad nacional amenazada, el cambio demográfico convertido en peligro existencial y unas élites acusadas de permitirlo.
Este tipo de marcos circula entre derechas radicales de distintos países y se adapta a las historias, conflictos y lenguajes propios de cada país. Es lo que se conoce como glocalización, un proceso por el que ideas de alcance internacional adquieren una expresión nacional.
Cuando la frontera protege una identidad
En España, esa adaptación vincula inmigración, fronteras y soberanía con una determinada concepción de la identidad nacional. La Agenda España de Vox presenta el “globalismo” como una amenaza simultánea para la soberanía y la identidad cultural de las naciones occidentales.
Otro documento programático del partido de ultraderecha relaciona expresamente inmigración, fronteras, soberanía e integridad territorial. Fratelli d'Italia incorpora a ese repertorio la defensa de la natalidad, la familia y las raíces culturales nacionales. Un mismo marco compartido adquiere así acentos diferentes según el país.
El partido francés Rassemblement National establece una relación similar. Su programa sobre inmigración vincula el control de las fronteras con la nacionalidad y la identidad francesas, la primacía del derecho nacional y una pretendida recuperación de la soberanía popular.
En Estados Unidos, el programa electoral de Trump en 2024 relaciona la “invasión” de la frontera sur con la protección de la soberanía estadounidense y presenta la identidad y el modo de vida del país como “amenazados”. Estas variantes confluyen en lo que se define como “soberanismo identitario”. La frontera delimita el territorio sobre el que el Estado ejerce su autoridad y, al mismo tiempo, quién pertenece a una comunidad definida en términos culturales.
La paradoja es que esta supuesta defensa a ultranza de la soberanía nacional se construye mediante intercambios transnacionales. Los partidos mantienen contactos, participan en encuentros internacionales, forman alianzas parlamentarias y se relacionan con fundaciones, think tanks (laboratorios de ideas) y medios que multiplican las interacciones. Vox multiplica contactos con fuerzas de la derecha radical europea o el entorno republicano estadounidense con las que comparte diagnósticos y propuestas. No se trata de reproducir un programa común. Las alianzas facilitan la circulación de ideas que cada organización incorpora a su propio lenguaje político.
Una “guerra cultural” mucho más amplia
La inmigración es solo uno de los terrenos en los que operan estas dinámicas. James Davison Hunter popularizó en 1991 el concepto de “guerra cultural” para explicar conflictos que enfrentaban visiones morales contrapuestas sobre cuestiones como el aborto o la religión en la escuela. Desde entonces, su significado se ha ampliado. Género, familia, educación, diversidad sexual o identidad se presentan como partes de una disputa sobre los valores y formas de vida que deberían definir una sociedad.
En Europa, este repertorio incorpora además cuestiones propias, que van desde el islam y la secularización hasta la integración europea o la llegada de población extranjera.
La adaptación de estas “guerras culturales” vuelve a producir variantes nacionales. Vox incorpora a este repertorio la defensa de la familia tradicional, la crítica de las políticas de género y la denuncia del “globalismo”. Fratelli d'Italia pone el acento en la natalidad y las raíces culturales nacionales. El Fidesz de Viktor Orbán ha convertido la defensa de los valores tradicionales frente al liberalismo occidental en fundamento de su proyecto iliberal. Alternativa para Alemania (AfD) combina posiciones contrarias a la inmigración con el rechazo de políticas de igualdad y la reivindicación de la familia tradicional. En República Checa, estas disputas entrelazan identidad, género, sexualidad, inmigración y rechazo de la integración europea.
Estas cuestiones no permanecen aisladas entre sí. Existen estructuras argumentativas semejantes ante inmigración, igualdad de género y diversidad sexual. Además, es cada vez más notable la creciente convergencia temática entre los públicos digitales de Vox, Fratelli d'Italia y el Partido Republicano estadounidense, entre otros, precisamente alrededor de la inmigración y las guerras culturales.
La ultraderecha española participa así de un repertorio más amplio en el que fronteras, soberanía, familia, género o identidad pueden presentarse como dimensiones de una misma disputa sobre el cambio social.
Ceuta y el poder de una palabra
Lo ocurrido en Ceuta permite observar qué ocurre cuando esta particular gramática política se aplica a una crisis real. El 30 de julio se produjo una avalancha migratoria de una magnitud excepcional, con graves consecuencias humanitarias y de seguridad, además de repercusiones en las relaciones entre España y Marruecos.
Tildarla de “invasión” no aspira a captar su dimensión, sino a otorgarle un significado. Convierte a decenas de miles de personas con situaciones y motivaciones diferentes en un sujeto colectivo que amenaza a la comunidad nacional.
La frontera deja de aparecer únicamente como un espacio de control territorial y pasa a representar la línea que separa a esa comunidad de quienes supuestamente la amenazan.
La selección léxica para definir el acontecimiento condiciona la manera de entender sus causas y las respuestas consideradas adecuadas. Al comienzo de la crisis, Abascal reclamaba la militarización permanente de la frontera y calificaba lo ocurrido como un “acto de guerra”. Un mes después, trasladaba ese mismo marco a las movilizaciones por Ceuta y acusaba a Sánchez de “traicionar a los españoles” y actuar como “lacayo” de Marruecos.
La reacción trascendió las fronteras españolas. Meloni restableció controles para nacionales de terceros países procedentes de España, alegando razones de seguridad nacional. La decisión italiana resulta significativa porque Ceuta no forma parte del espacio Schengen y porque, durante la crisis de Lampedusa de 2023, Roma recibió apoyo de las instituciones europeas, incluido un mecanismo de solidaridad para trasladar migrantes a otros Estados miembros.
Ese contraste muestra las consecuencias de convertir la inmigración en un campo de disputa identitaria transnacional. El drama que sobrevino en El Tarajal devino argumento político en otros países y fue adaptado a sus respectivos debates nacionales.
Para Abascal, Ceuta fue una “invasión”; para Trump, una advertencia sobre lo que podía suceder en Estados Unidos; para dirigentes del RN, la confirmación de una ficción escrita medio siglo antes.
La coordinación de las derechas radicales multiplica así la capacidad de una misma gramática política para atravesar fronteras, interpretar realidades diferentes y convertirlas en argumentos de política interior.
David Alvarado no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: David Alvarado, Associate professor, Universidade de Vigo. Puedes consultar la publicación original aquí.
