Cantes de ida y vuelta: el hilo irrompible entre el flamenco y América
- •Paco de Lucía, uno de los grandes ejemplos de la adopción de la rumba en su pieza 'Entre dos aguas', en Gibralfaro, Málaga, en septiembre 2007. montuno/Wikimedia Commons, CC BY-SA ¿Hubo flamenco antes del flamenco? La pregunta, en sí misma, parece ...
¿Hubo flamenco antes del flamenco?
La pregunta, en sí misma, parece contradictoria pero nos pone en la senda de la llamada música preflamenca. Todo arte emerge desde un sustrato previo del que se nutre y, en este caso, tiene orígenes diversos tanto en lo musical como en lo territorial.
Las primeras evidencias documentales fechan el nacimiento social del flamenco en torno a la mitad del siglo XIX. Así lo atestiguan los archivos y, principalmente, las hemerotecas a partir de las investigaciones de autores como José Blas Vega, José Luis Ortiz Nuevo o H. Rossy.
Sin embargo, hay una parte del flamenco que ya existía en América. Hablamos de las habaneras o del punto cubano, del zapateado o de la petenera mexicana, de los ascendentes de la milonga argentina, etc. Es decir, una tradición musical, dancística y folclórica que atraviesa Hispanoamérica de norte a sur y que influirá notablemente en la configuración y enriquecimiento del repertorio flamenco.
Al otro lado del Atlántico
Mucho antes de que Hollywood impusiera su canon cultural al mundo, había constancia de la existencia de artistas flamencos triunfando en América. Cuando la bailaora Carmen Dauset Moreno se convirtió en la primera mujer protagonista de un cortometraje mudo (1894), Carmencita, producido por los laboratorios de Thomas Alva Edison, ya triunfaba en la Gran Manzana. No en vano era conocida como la “reina de Broadway”.
La existencia de una tradición popular, musical y folclórica en América de fuerte arraigo y la evidencia de una proyección internacional del flamenco al otro lado del Atlántico a finales del XIX nos resitúan en un escenario de interconexiones que marca el crecimiento y evolución musical del flamenco.
De esta conexión trasatlántica nacen los cantes de ida y vuelta, una influencia en dos direcciones que tiene también evidentes ramificaciones en el toque y el baile.
Lazos entre Cuba y España
El término fue acuñado por el escritor y poeta gaditano Fernando Quiñones para poner nombre a los estilos flamencos cuya cristalización definitiva se debió a la larga tradición de lazos culturales y musicales entre América y España.
Muchos autores (Blas Vega, Miguel Espín, Romualdo Molina, José Miguel Jaramillo, Javier Osuna o Faustino Núñez, entre otros) han estudiado estas conexiones para profundizar en unos moldes de interpretación que han enriquecido el repertorio flamenco.
Por su protagonismo central en la configuración de la música y del repertorio flamenco, en primer lugar nos encontramos con el tango. Este género musical de origen cubano desembarcó, casi con toda seguridad, en el puerto de Cádiz, y tenía una clara influencia de las habaneras o las contradanzas cubanas. Fue, también, el germen primitivo de la milonga y el tango argentino. Como asegura el musicólogo Faustino Núñez, la transición al flamenco se produjo en la primera mitad del siglo XIX a partir de un proceso de binarización de un compás ternario de origen africano (es decir, tras cambiar una estructura métrica musical en tres tiempos a dos).
A partir de ahí experimentó un proceso de aflamencamiento, incorporando las características y matices musicales, estéticos, rítmicos y expresivos de este género. También creció exponencialmente en formas y estilos, con una capacidad ilimitada para ramificarse. Generó así versiones locales (Cádiz, Sevilla, Málaga, Granada o Extremadura) o personales (tangos de la Niña de los Peines, del Piyayo, La Repompa, etc.) y se convirtió, a la postre, en un pilar fundamental de la música flamenca.
Cubano es también el origen de la guajira. Se trata de una conversión al flamenco del punto cubano, presente en el repertorio español desde mucho antes y que han ejecutado buena parte de los mejores artistas del cante. Como la seguiriya o la soleá, se estructura rítmicamente a partir de un compás amalgama, es decir, un compás de doce tiempos que fusiona el ritmo ternario (dos grupos de tres pulsos) con el binario (tres grupos de dos pulsos), que se invierte y pasa de binario a ternario.
Desde Argentina al Caribe
Dentro de estos cantes se incluyen también la milonga y la vidalita, ambas de origen argentino. Como recogen los estudios de Miguel Espín, Ríos Ruiz o Blas Vega, la milonga es una copla preflamenca de compás binario, cuyo origen se encuentra en los trovos e improvisaciones de La Pampa (Argentina). Fue la cantaora y bailaora Pepa de Oro quien la trajo a España a finales del XIX. Gracias a creadores como Antonio Chacón, experimentó un proceso de aflamencamiento definitivo y se incorporó al repertorio de cantes.
La vidalita, creada ya iniciado el siglo XX, está emparentada melódicamente con la milonga, y su existencia se debe a los cantaores Manuel Escacena y el propio Chacón.
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Tampoco podemos olvidar el que es, probablemente, el cante más popular de todos: la rumba. Se trata de un estilo esquivo para la ortodoxia flamenca que, en ocasiones, ha eludido su inclusión entre los cantes por la simplicidad de su estructura y facilidad de ejecución.
Su origen es afrocubano (como el guaguancó, la guaracha, etc.) y fue importada desde el Caribe. Constituye un género muy popular en España desde principios del siglo XX y ha originado composiciones célebres para la guitarra flamenca como “Agua Marina” (Paco Cepero), “Entre dos aguas” (Paco de Lucía) y “Caballo Negro” (Manolo Sanlúcar).
La colombiana que no fue y el zapateado internacional
Un caso singular es la colombiana, porque su origen no es directamente americano.
Se trata de una creación propia del sevillano José Tejada Martín, Pepe Marchena, que interpreta con una evidente influencia del compás binario del tango. La colombiana se popularizó rápidamente, sobre todo en el contexto de los espectáculos de Ópera Flamenca que proliferaron por teatros y plazas de toros de España entre las décadas de los veinte y cincuenta del siglo pasado.
El recorrido finaliza con el zapateado flamenco, heredero en gran medida del americano, que sostiene una rica tradición de “feet dance” con reverberaciones en toda Hispanoamérica, desde México hasta Argentina. Ambos pertenecen al tronco común de los bailes de tierra e influyen en el marcado carácter percusivo del baile flamenco.
Como vemos, el vínculo entre el flamenco en España y sus influencias americanas es profundo. Por ello, podríamos mejor hablar de cantes, toques y bailes de idas y vueltas. Un viaje inacabado que empezó antes del flamenco.
Francisco Perujo Serrano no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Francisco Perujo Serrano, Profesor de Comunicación, Doctor en Periodismo, investigador en Flamenco e impulsor del Máster Interuniversitario en Investigación y Análisis del Flamenco, Universidad de Cádiz. Puedes consultar la publicación original aquí.
