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Suplemento cultural: palabras más, palabras menos

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Publicado el 1 de septiembre de 2026 a las 09:30 a. m.Actualizado el 1 de septiembre de 2026 a las 09:30 a. m.
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Resumen (TL;DR)
  • Siora Photography / Unsplash Cuando era pequeña y veraneaba en Galicia, me enamoré de la palabra tixola. Qué bonita era y qué bien sonaba. Iba por la calle diciendo en voz alta “tixola, tixola, tixola”, y solo me detenía mi prima cuando me preguntaba...

Siora Photography / Unsplash

Cuando era pequeña y veraneaba en Galicia, me enamoré de la palabra tixola. Qué bonita era y qué bien sonaba. Iba por la calle diciendo en voz alta “tixola, tixola, tixola”, y solo me detenía mi prima cuando me preguntaba: “¿Te das cuenta de que estás berreando ‘sartén, sartén, sartén’?”

Tenía un amigo francés que se enamoró de una gallega y adoptó la palabra cousa. Cuando llevaba años hablando español y seguía utilizando ese término, alguien le dijo: “¿Eres consciente de que en español no se dice así, sino cosa?”. Y el contestó que sí, pero que le gustaba más cousa. Era más amable.

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Y en asturiano, un idioma con su propia música, me apasionan los términos miagar (“maullar”) y, sobre todo, naguar (“anhelar”). Me parece mucho más certero definir lo que hacen los gatos con la voz asturiana y también mucho más cercano al sentimiento que experimento cuando deseo algo profundamente decir que “naguo por ello”.

Hay fonemas que componen palabras que nos gustan y otros que nos dan igual. Palabras que significan algo bonito pero que nos parecen feas y, en algunos casos, palabras preciosas que indican algo horrible. Cada uno tiene sus preferencias, y estas varían –como en los casos mencionados de tixola y cousa– si tratamos con idiomas que no conocemos.

Nosotros en The Conversation tenemos un rincón, que mi compañera Eva Catalán gestiona, dedicado a ellas, a sus historias, orígenes y curiosidades. En él publicamos información sobre creación, significados y entendimiento.

También tenemos artículos sobre idiomas, y en ellos caben las lenguas reales –como la que hablan los mosquitos– y las inventadas –como la que habla Rhaenyra Targaryen en La casa del dragón–.

Las palabras no solo definen sino que, como hemos tratado muchas veces, establecen marcos comunicativos. No son inocuas; quienes las utilizan a su favor bien lo saben. También son misteriosas y poderosas. Y, como demuestran los poetas, inestimables.

Batallas de encanto

Vayamos por partes. “Tener aura”, como todo el mundo intuye, es tener carisma, ese no sé qué ideal que provoca que alguien seduzca a las multitudes simplemente con existir en el mundo. “Farmear” es un verbo que viene de los juegos de estrategia, en los que trabajar para aumentar los recursos que uno posee hace que se consigan más puntos. “Farmear aura”, por tanto, es realizar actividades, gestos, o tener ciertas actitudes con el objetivo de incrementar (los puntos de) su carisma.

La expresión se ha puesto de moda –quién sabe cuánto durará– a raíz de las batallas de aura que se están llevando a cabo en diferentes puntos del planeta entre jóvenes que buscan, ante una audiencia multitudinaria, ganar al contrincante en magnetismo.

Pero, como explica Sandra Bravo Durán, aunque cambie la forma de decirlo y de valorarlo, siempre hemos buscado esa aprobación general.

We will always love you

Si alguien iba sobrada de carisma, encanto, magnetismo, personalidad, carácter, bondad y buen humor era Dolly Parton. Hace 31 años creo la Imagination Library (Biblioteca de la Imaginación) para niños hasta cinco años. Sus padres podían registrarlos y los niños recibían cada mes durante un lustro un libro acorde con su edad. Desde su creación, Imagination Library ha repartido más de 300 millones de libros a más de tres millones de niños de cinco países.

Parton desafió el estereotipo de “rubia tonta” desde su primer éxito, tanto con su música como con su vida. “No me molesta que me llamen así”, decía con sorna, “porque yo sé que no soy tonta y estoy segura de que no soy rubia”.

Un yacimiento con sorpresa

El Danubio lo está pasando mal en este verano de 2026. La sequía ha hecho que descienda de forma alarmante el nivel de sus aguas y ha llevado al límite a algunos de los países que se nutren de él.

A cambio, ha sacado al descubierto huesos de mamut enterrados en su cauce y ha supuesto una sorpresa para los investigadores del complejo portuario Noviodunum, que han podido analizar un yacimiento romano mayor del que se esperaban. Sin embargo, como reflexiona Enrique Aragón Núñez, codirector del proyecto, esto produce sentimientos encontrados porque, a la vez que emerge el pasado, la crisis climática provoca que veamos cómo se hunde el futuro.

El porqué de la acumulación

En mi mesita hay una columna de libros estratégicamente colocados para que no vuelque. Son todos los que compro, o me regalan, a lo largo de los meses y que soy incapaz de leer al mismo ritmo con el que los adquiero. Cuando la pila parece bajar alguna nueva incorporación impide que lo haga. ¿Por qué sigo comprando?

Porque me gusta coger el que está en la cumbre en cada momento y saber que bajo él hay otras oportunidades de deleite. Acabar una novela maravillosa y consolar la soledad que deja con otra novela a la que le tengo muchas ganas es un bálsamo incomparable. Es, además, satisfactorio saber que hay una explicación científica a mi gozo.

Lo que todavía no tiene explicación confirmada son las solicitudes masivas de libros de segunda mano que han recibido librerías “de viejo” de todo el mundo. Muchos sospechan que tienen que ver con las grandes tecnológicas, que buscan entrenar a sus inteligencias artificiales con obras en papel y no con textos de internet. ¿Por qué querrían ellos acumular libros? ¿También para disfrutar de la expectativa del futuro?

Empieza el curso

Hoy es técnicamente agosto pero septiembre ya está llamando a la puerta y con él, la rutina y los temas de siempre.

Por ejemplo, ¿quién no se plantea, después de un verano de relajación, cañas y tapas, volver a hacer deporte? Pues ¿qué mejor que celebrar ese retorno al ejercicio leyendo cómo eran los gimnasios a los que acudían los antiguos griegos?

También hay quien comienza a estudiar y trabajar en un nuevo destino y tiene que buscar casa. El problema de la vivienda es más agudo que nunca, pero no es nuevo. Echamos la vista atrás, esta vez a los romanos, para escuchar las quejas de Marcial por lo difícil que estaba encontrar dónde vivir en la capital del imperio.

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⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Claudia Lorenzo Rubiera, Editora de Arte y Humanidades, The Conversation. Puedes consultar la publicación original aquí.

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