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La vuelta a la rutina tras el verano también cuesta a las personas mayores: así puede hacerse más llevadera

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Publicado el 30 de agosto de 2026 a las 10:30 p. m.Actualizado el 30 de agosto de 2026 a las 10:30 p. m.
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Resumen (TL;DR)
  • El verano rompe la rutina de muchas personas mayores: cambian los horarios, las actividades y los lugares. Aunque este parón suele beneficiar a muchas personas y no tanto a otras, para ambos grupos la vuelta no siempre es sencilla. Recuperar el día a...

TinaSova20/Shutterstock

El verano rompe la rutina de muchas personas mayores: cambian los horarios, las actividades y los lugares. Aunque este parón suele beneficiar a muchas personas y no tanto a otras, para ambos grupos la vuelta no siempre es sencilla. Recuperar el día a día de forma progresiva, teniendo en cuenta los ritmos, y contar con apoyo es clave para evitar desorientación, malestar o sobrecarga.

Durante el año, la rutina cumple una función importante. No es solo “hacer lo mismo cada día”: también da seguridad, organiza el tiempo y facilita el bienestar emocional. La investigación ha mostrado que mantener una cierta estabilidad en las actividades diarias se asocia con mejor sueño en personas mayores y con menos insomnio.

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La rutina ofrece la posibilidad de participar en actividades culturales, formativas y de desarrollo como talleres, cursos de idiomas y de habilidades o voluntariado, así como en actividades de ocio beneficiosas, como paseos a horas concretas, comidas más regulares, ejercicio físico y actividades grupales.

Estas actividades ayudan a mantener la mente activa y el contacto social, y distintos estudios han relacionado la participación en actividades físicas, sociales e intelectuales con un mejor rendimiento cognitivo y una mayor calidad de vida.

Cambios estivales

Sin embargo, el verano introduce cambios. Muchas de estas actividades se suspenden. Se viaja al pueblo, se visitan familiares o los familiares vienen a casa. Los horarios, las cantidades de comida y sueño y la organización del día se alteran. En algunos casos, hay más tiempo libre y descanso; en otros, ocurre lo contrario y aumentan las responsabilidades.

Este cambio no es necesariamente negativo. Salir del entorno habitual puede ser estimulante y, en algunos casos, también favorecer el bienestar. Reencontrarse con lugares conocidos, como la casa del pueblo, aporta sensación de continuidad y puede funcionar como una experiencia emocionalmente reconfortante.

Pero no todas las experiencias estivales son iguales. Para algunas personas mayores, el verano implica perder espacios de autocuidado. El cierre de talleres o centros puede suponer dejar de ver a amistades, reducir la actividad física o perder estímulos cognitivos. Además, cuando disminuyen los contactos habituales, puede aumentar la sensación de aislamiento. La evidencia es clara: la soledad y el aislamiento social en personas mayores se asocian con peor salud física y mental.

En otros casos, el verano añade carga. Hay personas mayores que asumen más tareas: cuidar de nietos, encargarse de la casa familiar o atender a otra persona dependiente. Incluso pueden convivir temporalmente con familiares con los que la relación no es fácil. Todo esto puede generar cansancio físico y emocional.

El esfuerzo de adaptación

Después de semanas o meses con horarios más flexibles, el regreso a la rutina exige un esfuerzo de adaptación. A nivel cognitivo, puede aparecer cierta desorientación, sobre todo si ha habido cambios de entorno prolongados. Estudios sobre la organización de la vida diaria en personas mayores sugieren que una mayor rigidez o necesidad de rutina puede asociarse con más vulnerabilidad cognitiva y psicológica.

Además, el contraste puede ser brusco. Se pasa de un periodo con más compañía a otro con más soledad, o al revés: de la tranquilidad a una agenda llena de tareas. También influye el estado emocional con el que se vuelve. No es lo mismo regresar descansado y con ilusión por retomar, que hacerlo agotado o con sensación de sobrecarga.

Claves para una vuelta más fácil

La adaptación no debe ser inmediata ni exigente. Hay algunas pautas que pueden ayudar:

  • Planificar la vuelta antes del verano: plazos de inscripción a talleres, horarios a tener en cuenta a la vuelta… Todo en la medida de lo posible y sin agobios.

  • Recuperar la rutina poco a poco: no es necesario retomar todas las actividades de golpe. Es mejor empezar por aquellas que resultan más significativas, como un dar un paseo diario o leer el periódico.

  • Restablecer horarios estables de sueño y comidas: la regularidad en los horarios de sueño se ha vinculado con mejor descanso y salud en personas mayores.

  • Incorporar un buen hábito: hacer más caminatas, comer más fruta o leer más.

  • Favorecer la socialización: retomar el contacto con amistades o participar en actividades grupales reduce la desconexión y ayuda a combatir la soledad.

  • Hablar sobre la experiencia del verano: compartir y escuchar a otras personas sobre lo vivido facilita integrar el cambio y dar continuidad a la propia historia.

  • Evitar la sobrecarga: intentar “recuperar el tiempo perdido” puede generar fatiga. Es importante alternar actividad y descanso.

  • Contar con el apoyo del entorno: familiares, amistades y personas que ofrecen cuidados deben respetar el ritmo de la persona mayor, sin imponer tiempos ni expectativas.

Una oportunidad para revisar actividades

No hay que olvidar que la rutina no siempre es positiva. Para algunas personas, volver significa retomar obligaciones exigentes: cuidar de otros, encargarse del hogar o asumir responsabilidades sin suficiente apoyo. En estos casos, el malestar no tiene que ver con la adaptación, sino con las condiciones de vida.

Por eso, la vuelta a la rutina también constituye una oportunidad para revisar qué actividades aportan bienestar y cuáles generan carga. Es fundamental mantener lo que cuida (como los espacios sociales o las actividades significativas, que se han relacionado con mejor funcionamiento cognitivo y mayor reserva cognitiva) y buscar apoyo en lo que desgasta.

La clave está en entender que cada persona vive este proceso de forma distinta. Acompañar, respetar los tiempos y recuperar poco a poco aquello que da sentido al día a día facilita una vuelta más amable y saludable, algo coherente con lo que muestran los estudios sobre actividades de ocio, participación social y salud cognitiva en mayores.

Esther Camacho Ortega no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Esther Camacho Ortega, Psicóloga experta en envejecimiento, UNIE Universidad. Puedes consultar la publicación original aquí.

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