La federación española financiará la congelación de óvulos de las futbolistas de la selección: claves médicas y éticas de la iniciativa
- •La reproducción plantea un conflicto ineludible con las exigencias del deporte de élite, ya que la etapa de mayor fertilidad femenina coincide exactamente con los años de máximo rendimiento profesional. Esta presión estructural empuja a las futbolist...
La reproducción plantea un conflicto ineludible con las exigencias del deporte de élite, ya que la etapa de mayor fertilidad femenina coincide exactamente con los años de máximo rendimiento profesional. Esta presión estructural empuja a las futbolistas a posponer la maternidad y a asumir ciertos riesgos al terminar su carrera.
Tras escuchar las demandas de Alexia Putellas, la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha ofrecido financiar la conservación de óvulos de las jugadoras de la selección, una medida que sigue el ejemplo de equipos ingleses. La RFEF ultima un acuerdo con un centro de fertilidad, pero las condiciones exactas se presentarán durante la segunda quincena de septiembre.
Ahora debemos preguntarnos si esta iniciativa pionera representa un auténtico avance en los derechos laborales o si desplaza la responsabilidad hacia la biología, eludiendo una transformación estructural que el deporte necesitaría para integrar la maternidad de forma natural.
Marcando el reloj biológico en el calendario deportivo
Las mujeres nacen con un número limitado de óvulos: el cronómetro de la edad reproductiva arranca con la primera menstruación, pero a partir de los 35 años, tanto la cantidad como la calidad de dichos óvulos disminuyen drásticamente.
Para esquivar ese envejecimiento, la medicina recurre a la congelación de óvulos en edad temprana, extrayéndolos en su mejor momento. Estas células sexuales se conservan intactas en nitrógeno líquido a muy baja temperatura, lo que mantiene su calidad de forma casi indefinida.
La paciente necesita recibir medicación hormonal durante unas dos semanas, un tratamiento que estimula los ovarios. En un ciclo menstrual convencional, el tejido reproductor selecciona y madura un único óvulo, que madura dentro de un folículo (una especie de saco protector en el ovario). El resto de los folículos que se activan ese mes acaban desapareciendo de forma natural.
La medicación altera esta norma biológica al aportar una dosis extra de hormonas que rescatan a todos esos folículos para que no se pierdan, logrando que crezcan de forma simultánea. Estimular muchos óvulos a la vez es indispensable para la congelación, ya que obtener solo uno por mes haría imposible acumular la cantidad necesaria para garantizar opciones de éxito en el futuro.
Los especialistas extraen después los óvulos mediante una intervención quirúrgica ambulatoria y guiada por ecografía, introduciendo una fina aguja para aspirar el líquido de los folículos. Una vez almacenados, esos óvulos se pueden fecundar en el laboratorio mediante técnicas in vitro muchos años después de su congelación. El embrión resultante se transfiere posteriormente al útero para lograr su implantación, un procedimiento clínico muy habitual hoy en día.
Las futbolistas pueden valerse de estos métodos científicos para pausar su fertilidad, aunque deben salvar el escollo de las leyes deportivas, ya que las normativas mundiales antidopaje prohíben varias hormonas necesarias para la estimulación. Sin embargo, se permiten ciertas excepciones en tratamientos reproductivos previamente declarados.
De Silicon Valley a la selección española
Hace una década, compañías tecnológicas como Apple y Facebook fueron pioneras en financiar la congelación de óvulos para retener el talento femenino, una decisión no exenta de polémica.
Ahora, la iniciativa de la federación española nos lanza hacia el mismo debate moral dentro del deporte. Financiar esta técnica parece otorgar plena autonomía reproductiva a las jugadoras, ya que en teoría les permite decidir el momento ideal para formar una familia, pero algunos especialistas en ética advierten sobre las aristas de una realidad compleja.
Y es que esa aparente libertad podría ocultar una presión estructural sobre la mujer: el entorno competitivo empujaría a las atletas a alterar su propia biología.
A esta presión laboral se suma el riesgo de presentar la técnica como un seguro de fertilidad infalible. Los especialistas recuerdan que las técnicas de reproducción asistida no garantizan un embarazo futuro, por lo que a menudo genera una falsa sensación de control.
Cambiar las reglas de juego
Las futbolistas asumirían de ese modo un proceso médico sin padecer ninguna enfermedad, convirtiendo su planificación familiar en un producto dependiente del calendario competitivo. Intervendrían sus cuerpos para encajar en un ecosistema laboral diseñado históricamente para hombres.
Desde este punto de vista, aunque la congelación de óvulos supone un avance médico indudable para las deportistas profesionales, tal vez el verdadero éxito sería cambiar las reglas del juego. Esto significaría reformar las estructuras laborales del deporte de alta competición para que la maternidad sea plenamente compatible con la carrera en activo, garantizando contratos protegidos, adaptando las cargas de entrenamiento y ofreciendo recursos reales de apoyo familiar.
Quién sabe si este es tan solo el primer paso para que el talento femenino nunca más requiera de una pausa obligada del reloj biológico.
Adrián Villalba Felipe recibe fondos del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y el European Research Council (ERC).
⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Adrián Villalba Felipe, Profesor asociado en Universidad Internacional de Valencia (VIU) e Investigador Postdoctoral en Institut Cochin (Université Paris Cité, Francia), Universidad Internacional de Valencia. Puedes consultar la publicación original aquí.
