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Fotobiomodulación: así funciona el tratamiento de luz para reducir los daños de la radioterapia en la piel

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Publicado el 21 de septiembre de 2026 a las 04:30 a. m.Actualizado el 21 de septiembre de 2026 a las 04:30 a. m.
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La luz roja e infrarroraja activa una enzima de las mitocondrias, la "central energética" de las células. ridersuperone/Shutterstock

Una paciente a la que ayudábamos a recuperarse después de una cirugía de cáncer de mama, y que empezaba a recibir sesiones de radioterapia en dos semanas, me trasladó su inquietud: había visto en internet imágenes de las quemaduras que puede provocar esa intervención. Lógicamente, estaba preocupada.

Antes que nada es importante recordar que la radioterapia salva vidas. En el caso del cáncer de mama, actualmente se administra en menos sesiones (radioterapia hipofraccionada) y se planifica mejor, lo que reduce la gravedad de los efectos en la piel.

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Pero ¿se puede prevenir el daño? En parte, sí. Además del propio cuidado de la piel, hay una opción que lleva años estudiándose: la fotobiomodulación, una terapia que usa luz, roja e infrarroja, de baja potencia.

Lesiones de diversos grados

Se llama radiodermitis a la “marca” que casi siempre deja la radioterapia. Según las guías internacionales de la MASCC (siglas de Multinational Association for Supportive Care in Cancer, una asociación de referencia en cuidados y apoyo al paciente con cáncer), aparece en hasta el 95 % de quienes la reciben.

Las lesiones se clasifican en grados. El grado 1 supone un enrojecimiento leve, con picor y sequedad; en el 2, la piel se pone roja, hinchada y empieza a levantarse en los pliegues; y en el grado 3, el más grave de los frecuentes, la piel se abre y supura fuera de los pliegues.

Esa diferencia importa: alrededor de un tercio de los pacientes desarrolla formas moderadas o graves. Llegado a este punto, las lesiones duelen mucho, necesitan curas con apósitos y a veces es necesario interrumpir el tratamiento. Para alguien que atraviesa un cáncer, es una carga añadida.

La luz “se comunica” con nuestras células

Como adelantábamos más arriba, la fotobiomodulación utiliza luz roja y/o infrarroja de baja potencia. No calienta ni quema y es absorbida por las mitocondrias, que son como las centrales energéticas de las células; en concreto, por una enzima: la citocromo c oxidasa. En ese momento se desencadena una serie de señales que reducen la inflamación, ayudan a reparar los tejidos y alivian el dolor.

¿Y por qué esa luz y no otra? Porque la enzima no capta cualquier luz: solo el rojo y el infrarrojo cercano. Se averiguó probando cuatro tipos distintos sobre heridas en la piel. Sólo obtuvieron resultados las longitudes de onda que la enzima reconoce; las otras dos no tuvieron ningún efecto.

No es una idea nueva en oncología. La fotobiomodulación se recomienda para mucositis oral (lesiones que aparecen en la boca durante la radiodermitis y otras terapias oncológicas) desde hace años por guías de práctica clínica. Si ha funcionado para lesiones en la mucosa, ¿podría funcionar entonces para lesiones en la piel?

Lo que dicen los estudios

Para averiguarlo, el ensayo TRANSDERMIS comparó en 2018 la luz con un placebo en mujeres con cáncer de mama. Los investigadores usaron un dispositivo láser que funcionaba aparentemente igual, pero no emitía luz terapéutica. Ni las pacientes ni el personal que evaluaba la piel sabían quién estaba en cada grupo. Las lesiones de grado 2 o superior bajaron del 30 % al 6,7 %.

En 2023, un panel internacional pasó a recomendar la fotobiomodulación para prevenir estas lesiones en pacientes con cáncer de mama. Pero hay letra pequeña: los propios autores reconocen que la evidencia es todavía limitada.

Durante el seguimiento del ensayo TRANSDERMIS, los protocolos de radioterapia evolucionaron hacia esquemas hipofraccionados (es decir, sesiones más cortas). Al repetir el estudio en el nuevo contexto, el ensayo LABRA, el beneficio de la PBM fue menor y no alcanzó significación estadística. No implica que no funcione: con menos reacciones graves de partida, es más difícil demostrar un beneficio terapéutico adicional.

Hay otras pieles

Casi toda la investigación es en cáncer de mama, pero la radiodermitis no distingue de zonas.

El único ensayo aleatorizado en cáncer de cabeza y cuello, DERMISHEAD, encontró en 2021 un beneficio mayor. Las reacciones graves pasaron del 77,8 % al 28,6 %. Un metaanálisis de 2025 también observó un efecto mayor en cancer de cabeza y cuello que en cáncer de mama.

Más allá de esos dos escenarios, el vacío es total. Por ejemplo, en cáncer anal, donde la humedad y el roce producen lesiones especialmente incapacitantes, apenas hay un caso publicado. Por eso, estas localizaciones son prioritarias para futuros ensayos.

La razón médica para prevenir las lesiones no es sólo el dolor, sino evitar interrupciones de la radioterapia que empeorarían el pronóstico. En cáncer de cabeza y cuello, donde las interrupciones por la gravedad de las lesiones durante radiodermitis son frecuentes, el beneficio de la fotobiomodulación no se ha medido todavía.

¿Y si la luz hace crecer el tumor?

Aquí toca ser claros: si esta luz estimula las células, ¿no podría estimular también al tumor? En laboratorio los resultados son dispares, pero en los estudios clínicos publicados, aplicar fotobiomodulación durante la radiodermitis no aumentó las recidivas ni disminuyó la supervivencia en 120 pacientes en un ensayo a largo plazo (6 años).

Además, contamos con un escalón de seguridad añadido. Los dispositivos de fotobiomodulación están certificados como producto sanitario y es lo que en Europa regula la normativa conocida como MDR. Es garantía de que el dispositivo emite los parámetros adecuados para el tratamiento.

Lo que podemos decir hoy

Nuestra paciente consultó con su radioncólogo. Tras estudiar el caso, consideró que la fotobiomodulación estaba indicada para ella. Terminó su radioterapia con molestias leves, pero ¿fue gracias a la luz? Un caso aislado no es una respuesta, pero para eso están los estudios, que por ahora son prometedores.

Frente a las imágenes que inquietaron a nuestra paciente, esa es la respuesta más honesta que podemos ofrecer. Valorar cada caso de manera personalizada. Ni alarma ni promesas fáciles, sino lo que la ciencia vaya demostrando. Y siempre, aplicado por sanitarios formados y de la mano del equipo de oncología.

Susana Manzanares Cabezuelo no recibe salario, no ejerce labores de consultoría, no posee acciones ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo. Ejerce como fisioterapeuta clínico y aplica en su práctica los tratamientos descritos, lo que declara como posible fuente de conocimiento aplicado y, a su vez, de interés profesional indirecto. No mantiene vínculos relevantes adicionales más allá del cargo académico citado.

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⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Susana Manzanares Cabezuelo, Profesor de Fisioterapia, UNIE Universidad. Puedes consultar la publicación original aquí.

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