¿Debería España limitar el uso de la IA en las aulas? Lo que podemos aprender de otros países
- •En noviembre de 2022 apareció ChatGPT. Entonces casi nadie hablaba de inteligencia artificial generativa y pocos se la imaginaban entrando en las aulas. Casi cuatro años después, la pregunta ya no es si el alumnado la usa, sino si debemos ponerle lím...
En noviembre de 2022 apareció ChatGPT. Entonces casi nadie hablaba de inteligencia artificial generativa y pocos se la imaginaban entrando en las aulas. Casi cuatro años después, la pregunta ya no es si el alumnado la usa, sino si debemos ponerle límites, y cómo hacerlo.
La inteligencia artificial llegó a las aulas mucho más rápido de lo que han avanzado las normas para regular su uso. Hoy resulta difícil encontrar un instituto o una universidad donde algún estudiante no la haya utilizado.
Por eso muchos docentes y familias se hacen la misma pregunta: ¿debemos poner límites a la IA o aprender a convivir con ella?
No existe una única respuesta. Basta con mirar qué hacen otros países. Cada uno ha elegido un camino distinto, pero todos intentan responder a la misma pregunta: cómo aprovechar la IA sin poner en riesgo el aprendizaje.
Enseñar a usarla desde primaria
Algunos países, en lugar de poner límites, prefieren enseñar a usar la inteligencia artificial desde la escuela. China es el mejor ejemplo. A través de su plan AI+ Education, se introducirá poco a poco en el currículo, desde primaria hasta la universidad. En los primeros cursos se trabajarán el pensamiento crítico y la resolución de problemas, y más adelante, el aprendizaje será más técnico. Pero esta estrategia no responde a la duda de cómo saber qué ha aprendido un alumno si la inteligencia artificial le ayuda a hacer la tarea.
Algo parecido ocurre en Singapur, donde se considera que saber usar la IA será una habilidad básica. Por eso se forma al profesorado y se anima a los estudiantes a emplearla con sentido crítico. Los responsables educativos introducen la IA desde infantil y recomiendan un uso supervisado según la edad. Los exámenes se realizan en el centro para comprobar qué sabe el alumnado sin ayuda de la herramienta, pero en los trabajos se da más importancia a comprender los contenidos y a desarrollar el pensamiento crítico.
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Chile también apuesta por integrar la IA en la educación básica y media. Este país prepara a futuros docentes para enseñar a los alumnos a usarla de forma crítica y responsable. Además, se fomenta su empleo para crear actividades, evaluar y mejorar la retroalimentación.
Los Emiratos Árabes Unidos han ido un paso más allá de su uso transversal. Allí la IA forma parte obligatoria del currículo desde primaria y se enseña en todas las etapas. Los contenidos se adaptan a la edad del alumnado.
Aunque cada país lo hace a su manera, todos comparten una idea: la IA debe ayudar a aprender, no sustituir el aprendizaje. China y Chile fomentan un uso responsable y el pensamiento crítico; Singapur adapta su utilización a la edad y anima a los alumnos a resolver problemas por sí mismos; y Emiratos Árabes Unidos la enseña dentro del currículo.
Estrategias más cautelosas
Hace unos meses, el Gobierno noruego anunció que el alumnado de primaria no podrá emplear herramientas como ChatGPT en clase. La idea es sencilla: primero hay que aprender a leer, escribir y hacer matemáticas. Después llegará el momento de recurrir a la IA.
Eso no quiere decir que el país esté en contra de la inteligencia artificial. En secundaria podrá usarse con ayuda del profesorado. En bachillerato, además, los estudiantes aprenderán a utilizarla con sentido crítico para la universidad y el trabajo.
Pero Noruega es una excepción. La mayoría de los países han optado por no limitar estas herramientas; lo que se está haciendo es fijar normas para usarlas bien. Italia es uno de esos casos: sus recomendaciones ayudan a adaptar la enseñanza y la evaluación.
La opinión de los expertos
Organismos transnacionales como la UNESCO y la OCDE lanzan un mensaje muy parecido: ninguno de los dos apuesta por prohibirla, pero tampoco dejarla sin normas.
Por eso insisten en formar a los docentes y adaptar la IA a la edad del alumnado. En las primeras etapas se usan herramientas y tareas sencillas. En cursos superiores, las actividades pueden ser mas complejas. También se enseña a los alumnos a comprobar la información, detectar errores y entender que la IA también puede equivocarse.
La situación en España
España, por ahora, sigue un camino parecido al de la mayoría de los países europeos. No ha prohibido la inteligencia artificial en las aulas. En lugar de eso, varias comunidades autónomas y el Ministerio de Educación ya publican recomendaciones y ofrecen formación a través del INTEF. Estas pautas buscan un uso seguro y responsable de la IA. También incluyen la supervisión del profesorado, la protección de la privacidad y el pensamiento crítico del alumnado.
Además, el nuevo Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) marca unas reglas comunes para todos los países de la Unión Europea. Por ejemplo, algunos sistemas de IA usados en educación deben cumplir requisitos de seguridad y contar con supervisión humana. Estas normas también afectarán al uso de la IA en las aulas.
No dejar de pensar
La IA ya está en la escuela y ha llegado para quedarse. Ignorarla no hará que desaparezca, pero usarla sin criterio tampoco parece la mejor opción.
Al comparar las decisiones adoptadas por los distintos países, podemos ver que ninguno de ellos ha optado realmente por prohibirla. Más bien, las diferencias están en cómo y cuándo introducirla.
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La historia demuestra que cada nueva tecnología provoca el mismo debate. Ocurrió no solo con internet, sino también con las calculadoras y los teléfonos móviles. La diferencia es que ahora la tecnología avanza mucho más deprisa.
El reto es enseñar a usar la IA sin dejar de pensar. Porque aprender nunca ha consistido solo en encontrar respuestas: también consiste en comprenderlas, cuestionarlas y saber que hacer con ellas. Y esa sigue siendo una tarea que ninguna inteligencia artificial puede hacer por nosotros.
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⚖️Artículo de libre republicación legal bajo licencia Creative Commons BY-ND 4.0 obtenido de The Conversation en Español. Crédito original al autor/a: Josefina Ginesta-Martínez, Doctoranda en Ciencias de la Educación, Universidad Católica de Valencia. Puedes consultar la publicación original aquí.
