Stephany Ortega: una voz dominicana aplaudida en Europa y desconocida en su patria

Por 18 agosto, 2014
portada Stephany-Ortega

Foto: El Punto

Oriunda de Puerto Plata, República Dominicana y actualmente naturalizada en Luxemburgo, Stephany Ortega ha logrado interpretar su música por todo lo alto.

Pianista desde pequeña, formada en el Estudio Diná de Educación Musical, su pasión por la música la motivó a seguir desarrollándose y llegar a etapas más profesionales, lo que la llevó a estudiar la licenciatura en Educación Musical, a los 18 años de edad, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo; allí se graduó con el honor Magna Cum Laude, por haber obtenido el índice más alto de toda la promoción.

Además de ser una extraordinaria cantante clásica, esta joven emprendedora es una pedagoga por herencia, por lo que se desempeña como maestra de canto clásico y moderno en el Conservatorio del Norte de Luxemburgo  y como directora coral en el Instituto Europeo de canto coral. Asimismo, Ortega se encuentra cursando un máster en el Conservatorio de Bruselas.

Como reconocimiento a su excelencia, Stephany ha recibido importantes galardones en el continente Europeo, dentro de los que se encuentran: Una medalla de Bronce en la competencia Europea “Jóvenes Solistas”; “Lerminiaux” y “Vindelinck” en el conservatorio de Bruselas y el “Prix Servais”, otorgado por el Ministro de Cultura de Bélgica.

Sin lugar a dudas, tal trayectoria merece ser conocida por el pueblo dominicano, sobre todo por quienes se interesan por tan sublime alimento para el espíritu: la música.

A continuación la entrevista:

El Punto: ¿Qué te motivó a incursionar en la música de una manera tan profesional y a tan temprana edad?

Stephany Ortega: Incursioné en la música por pura casualidad, pues recuerdo que en el cumpleaños de mi hermano yo estaba tocando un pianito y mi papá me preguntó: ¿tú quieres estudiar piano? Y le dije sí, ¿por qué no? Y así empecé.

Me gusta mucho la música; gracias a Dios desde pequeña tuve el talento para el piano y al llegar el momento de decidir lo que iba a estudiar, me quedé un año pensando porque yo quería estudiar música, pero todos me decían que iba a morir de hambre, que dejara eso; solo mis padres y la directora de la escuela de música [Farida Diná] creyeron realmente en mi.

Al final, me quedé con la música, pues mi gran motivación es que si yo hago lo que me hace feliz yo puedo vivir feliz aunque no sea rica, que es lo más importante. De hecho me sorprende haber tenido la madurez para pensar así, a mis 16 años, ya que mucha gente lo piensa después de terminar su carrera y se dan cuenta de que debieron estudiar música. Yo no quería cometer ese error para lamentarme después, entonces dije: yo voy a ser feliz, pobre, pero feliz.

El Punto:¿Qué influencia tuvo la Señora Farida Diná en tu educación musical?

Stephany Ortega: Todo, porque Doña Farida me acogió en su escuela, fue mi profesora de piano en todos los niveles a excepción del último año, cuando me tuvo que dejar  con lágrimas porque ya tenía que pasar a otro nivel y ella no podía seguir.

En un momento mi familia tuvo una decaída económica muy fuerte, por lo cual yo tenía que dejar la escuela, pero ella se esforzó para conseguirme una beca y gracias a esa beca yo seguí; luego Baskin  Robbins me dio un premio, que fue un piano y también gracias a ese piano yo seguí estudiando la música. Yo tuve que dejar el piano para seguir la universidad y Farida Diná también me dio todo su apoyo.

De hecho, el piano que me regaló Baskin Robbins fue el primero que tuve, pero lo tuve que vender para seguir mis estudios cuando me dieron la beca en el Conservatorio de Luxemburgo.

El Punto: ¿A qué edad dejas la República Dominicana y cómo fue el proceso de adaptación a esa nueva cultura?

Stephany Ortega: A los 23 años.  La transición fue un choque pero estaba contenta porque sabía que tenía que salir de aquí para seguir creciendo pues ya no podía tomar nada más aquí, tenía que irme fuera.

Yo aun estaba en la búsqueda de aquello a lo que me dedicaría en la música porque, gracias a Dios, tenía el talento de hacer muchas cosas: yo daba clases de música pero no me veía haciendo eso toda mi vida, tampoco siendo pianista o directora de coro; después quería componer pero era muy joven, y por casualidad caí en el canto. Empecé a estudiar canto porque si era directora de coro tenía que conocer sobre la voz para dar consejos. Y fue así que incursioné en el canto.

El Punto: ¿Qué significa para ti haber trabajado con personas de La talla de Martin Folz y cantar en la  Orquesta Filarmónica de Luxemburgo?

Stephany Ortega: Martin Folz es un excelente director de coro en Alemania. Lo quiero mucho porque fue quien me guió en la dirección de coros y muchos otros proyectos. Ahora estamos trabajando juntos en el Conservatorio. Hemos hecho conciertos juntos con nuestros estudiantes.

En cuanto a la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, dirigida por Gast Waltzing, fue una gran experiencia la vivida, pues esta es una gran orquesta en la que entré por pura suerte, en el 2008. De hecho pensé que cantaría en el coro y una semana antes fue que me comunicaron que interpretaría un solo en una sala de 1500 personas, durante mi segundo año de canto. Estaba muy nerviosa pero los músicos son grandes profesionales, fueron muy respetuosos y apreciaron lo que yo hacía.

El Punto: ¿Cómo te sientes más cómoda: interpretando como solista o en grupo?

Stephany Ortega: Me gustan ambos. Pero como solista tengo la ventaja de no ponerme nerviosa y me siento muy bien porque existe una conexión con el público, que puedo aprovechar. De hecho tocando el piano me ponía más nerviosa, por eso decidí no ser concertista.

El Punto: ¿Además del piano, te gusta o tocas algún otro instrumento musical?

Stephany Ortega: Me gustan todos los instrumentos musicales. La guitarra me llama mucho la atención; en la UASD solía estudiar guitarra, pero lastima los dedos y no es conveniente para luego tocar el piano, no es una buena combinación.

El Punto: Una medalla de bronce en la Competencia “Jóvenes Solistas”, una premiación del Ministerio de cultura de Bélgica… háblanos un poco de esas importantes premiaciones y como te sientes al haberlas recibido

Stephany Ortega: Para mí significan una gran responsabilidad, porque me obligan a ser mejor cada vez. Tengo el peso de esas premiaciones sobre mis hombros cada vez que hago un concierto. Antes de ganar los premios tenía el peso de tener que hacer bien mi trabajo por respeto a quienes me escuchan; ahora incrementa la responsabilidad luego de los reconocimientos.

El Punto: ¿Alguna vez soñaste con esas premiaciones?

Stephany Ortega: No, el único sueño que tuve fue ganar una medalla en el Instituto Diná por haber cursado los estudios con una beca y al final la obtuve. En ese momento fue algo muy importante para mí, pues no teníamos nada; lloramos mucho cuando gané esa beca, llegó justo a tiempo.

El Punto: ¿Para ti, cuál ha sido la más importante premiación que has recibido en Europa?

Stephany Ortega: El “Lerminiaux” y “Vindelinck” en canto clásico, otorgados por el Real Conservatorio de Bruselas, porque ahí estudio mi máster, ellos me conocen, saben mi historia y saben que debo recorrer unos 200 kilómetros para llegar allá y otros sacrificios que debo hacer para ir a estudiar. Ellos están tan contentos como yo por ese reconocimiento.

Foto: El Punto

Foto: El Punto

El Punto: ¿Consideras que de haber permanecido en tu país de origen habrías tenido las mismas oportunidades de crecimiento y desarrollo profesional que has tenido en Europa?

Stephany Ortega: No. Me gustaba estudiar canto aquí, pero no había suficientes posibilidades.

El Punto: ¿De todos los escenarios y países donde has tenido la oportunidad de cantar, en cual te has sentido más cómoda?

Stephany Ortega: Un escenario: La Filarmónica de Luxemburgo, en 2008.

Un país: Alemania, donde tuve la oportunidad de participar en el festival de teatro Ruhrfestspiele Recklinghausen, con Maximilian Schell, el primer austríaco en ganar un Oscar. Fue una experiencia emocionante y el público y los actores querían que yo cantará más. Luego la obra fue llevada a Luxemburgo.

El Punto: Háblanos del Niu Trio y otros grupos que has formado…

Stephany Ortega: Lamentablemente ya no tenemos el Niú Trio. Pero fue una muy buena experiencia, porque surgió de la nada. Era un trío  de acordeón, vibráfono y la voz, que yo utilizaba como un instrumento, sin palabras. Crecimos y le gustó mucho a la gente.

En la actualidad sigo trabajando con el percusionista, con quien tengo un dúo de “Marimba y Voz”. Para el próximo año tenemos pensado lanzar un CD que incluirá diferentes corrientes musicales, no solo clásico sino también canto moderno e improvisación.

El Punto: Tenemos entendido que también te desempeñas como maestra de canto clásico y moderno en el Conservatorio del Norte de Luxemburgo, ¿de dónde surge tu pasión por la enseñanza?

Stephany Ortega: Mis padres, son pedagogos innatos y mis hermanos y yo siempre estábamos en sus clases de la escuela de hotelería. Es algo genético, lo heredé y me gusta mucho. En Luxemburgo realizo mis conciertos pero aparto mi tiempo para enseñar. La pedagogía en canto es un don, pues hay que tener buen oído para darte cuenta en lo que está mal, aun sin verlo. Me satisface poder enseñar y ver los resultados. Sin embargo, no podría hacer solo eso toda mi vida.

El Punto: Si te pusieran a elegir entre ser: cantante, directora coral, maestra o pianista: ¿con cuál te quedarías y por qué?

Stephany Ortega: Cantar. Mi orden de prioridades seria cantar y luego enseñar.

El Punto: ¿Cuáles son los hobbies de Stephany Ortega, fuera de la música?

Stephany Ortega: ¡Comer! También me gusta pasar tiempo con mis amigos, salir y relajarme, cuando tengo tiempo libre. Viajar es también uno de mis pasatiempos favoritos.

El Punto: ¿Qué consideras que hace falta en la música clásica dominicana para tener más alcance y aceptación?

Stephany Ortega: Lo que se está haciendo en la actualidad está muy bien; están creando orquestas juveniles nativas y eso es lo que impulsa a todos a tener más calidad. Generalmente traen extranjeros pero tener competencia local ayuda mucho.

También es preciso crear más escuelas de música en las que los jóvenes puedan estudiar y desarrollar sus talentos para que se pueda construir algo mejor. Escuelas a las que no solo los privilegiados puedan acceder, pues hay mucha gente con talentos en este país, pero hace falta más formación.

Hay muchas facetas interesantes en la música, no solo tocar un instrumento, pueden ser directores de coro, profesores de canto, etc. Los beneficios de la música están comprobados y los estamos perdiendo.

El Punto: ¿Cuál es tu mensaje para los jóvenes dominicanos que comparten tu pasión por la música, sea clásica o contemporánea?

Stephany Ortega: No creas que vas a morir de hambre por dedicarte a la música. Si eres bueno y estudias para ser mejor, siempre te van a buscar.

Con este atinado consejo, basado en la experiencia, terminó una entrevista plagada de risas y palabras sinceras de Stephany, una cantante lírica que ha logrado desarrollarse y destacar en el extranjero, poniendo en alto la bandera dominicana; un ejemplo de superación e inspiración para la nueva generación de músicos de este país.

http://vimeo.com/92250349

VALORA ESTA NOTICIA